POLIAMOR

20.5.06

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POLYAMOR/RELACION

Voy a intentar "resumir" lo que para mí ha sido la experiencia del poliamor, si bien no considero que haya terminado, mas bien al contrario. Espero que esto solo sea el principio de algo que desconozco, pero que esta conmigo.

Recordar para los que me conocen que hay detalles que no cuento y momentos que no menciono, no por falta de memoria, sino porque esto pretende ser algo que le valga a alguien como referente, y por eso pretende ser corto y conciso, dejando que cada cual saque sus conclusiones.

Todo empezó cuando conocí a María, en Octubre de 2002. Yo residía en Lisboa desde hacía un año y quería quedarme otro más porque la experiencia me había gustado y no quería volver a Madrid. Mientras buscaba trabajo decidí que era una buena ocasión para mejorar el portugués y sacarme el título al final de curso, asi que traté de encontrar a un profesor particular que estuviese bien de precio.

Normalmente alternábamos entre su casa y la mía. Recuerdo muy bien mi primera impresión al entrar en el piso de María. Las paredes eran blancas y el mobiliario era moderno y funcional.

También recordaré siempre la primera vez que conocí a Pablo. Atravesó el salón con aire simpático, me dió la mano y con la misma tranquilidad besó a María en los labios y salió por la puerta como si lo hubiera hecho miles de veces antes.

La próxima vez que lo vi dormimos juntos los tres.

Curiosamente, al principio de nuestra relación, María no me atraía en absoluto.

Yo por entonces tenía novia y trabajaba en tres sitios a la vez. Cuando llegó el Verano y se acabaron las clases, María y yo empezamos a quedar para ir al cine o tomar una cerveza. Meses después me di cuenta de que era ella quien mostraba más interés en que nos viéramos. Y que lo hacía sin ninguna prisa, sin ninguna ansiedad.

Yo estaba tan feliz con la vida...todo era estimulante: el trabajo, la ciudad, las relaciones... los días eran azules y pasaban volando.

Fue a través de una conversación, una noche más, en un sitio como cualquier otro. Yo sabía, o mejor dicho, intuía que a María le resultaba atractivo. Pero si esta conversación nunca se hubiera producido nunca nos hubieramos acostado. Ella dijo algo así como que normalmente la gente tenía unas maneras muy convencionales de relacionarse, a lo que yo respondí que estaba de acuerdo, que no entendía porque las relaciones siempre tenían que ser exclusivas o monógamas. También mencioné que no entendía que la gente no tuviera relaciones en grupo, cuando todo el mundo había fantaseado con eso alguna vez. Y ella me respondió: "Bueno"-dijo-"yo sí las he tenido".

Me sentí muy excitado en ese momento. No era por el comentario en sí mismo, que no me sorprendió del todo, si no por la forma en que se había producido. Allí sentados, mirándonos con la certeza de que a los dos nos excitaba lo mismo. Ella se levantó para ir al baño...y me di cuenta de que habíamos decidido mantener una relación sexual simplemente hablando. Mirándonos. Aguantándonos durante meses.

Compartíamos una manera de ver la vida, de entender las relaciones entre las personas.

Al principio nos veíamos mas o menos 1 vez cada diez días. Es dificil explicar la sensación que uno tiene cuando conoce a una persona que no quiere cambiarlo, que le acepta tal y como es. Normalmente eso no dura mucho, porque las parejas suelen marcarse objetivos comunes para construir un espacio entre los dos y entonces vienen los compromisos, un acoplamiento que no siempre sale bien.

Sexualmente, yo me encontraba al principio de una etapa de madurez. Había tenido tres o cuatro novias y se supone que había hecho de todo, sí, se supone...Aquel verano fue muy promiscuo, trabajaba de noche y sabía moverme por Lisboa.

María disfrutaba, disfrutaba de verdad. Gritaba de placer, valoraba el sexo como una fuente de placer innato, como algo que debe ser compartido, un bien universal. Y la llenaba dar placer, hacer feliz al otro sin renunciar a ser ella. Y le gustaba hablar de ello. La mayoría de las personas que he conocido no hablan de sexo porque les da verguenza, sin darse cuenta de que hablar de ello es hacerlo más íntimo, más complice y en resumen más completo, porque es un aprendizaje y es compartido. Cuesta salir de la mediocridad, aunque seamos una generación "liberada" y abierta a todo tipo de experiencias. En la práctica, ocurre lo de siempre. Todos cortan el pastel pero solo unos pocos se lo comen de verdad.

El sexo, el buen sexo es, para mi, curiosidad. Había gestos en María que me hicieron evolucionar como persona. Había miradas suyas que me daban a entender un montón de cosas. Como un trampolín que me catapultaba a otra parte.
Es tolerancia, es complicidad y es morbo. No tiene que haber amor, el sexo es posible sin amor. Si además estás enamorado, entonces puede convertirse en un todo. Y si no es un amor posesivo, exclusivo, con fecha de caducidad...entonces vas a ser feliz por muchos años, eso seguro.

Ella reunía todas estas cualidades. He sido feliz con varias personas, incluida ella. Con María además he descubierto como quiero ser feliz el resto de mi vida.

Desde el principio estaba claro que nuestra relación era independiente de las demás y que ella nunca dejaría a Pablo por otra persona. O sea, que no se sabe que vino primero, si la gallina o el huevo, no sé si me explico. Si la relación hubiera sido solo entre ella y yo...¿Qué hubiera cambiado?. Lo cierto es que no vale la pena pensarlo, no lleva a ninguna parte.

Lo que sí se es que, precisamente todo estos factores que me hicieron feliz, después se volvieron en contra durante algún tiempo, hasta llegar a estabilizarse.

Cada uno de los dos deseábamos realmente vernos cada vez que nos veíamos, y disfrutábamos de cada momento juntos. Me llevó tiempo descubrir que yo no necesitaba una relación como las anteriores. Que María tenía ese valor para mí precisamente porque no era "mía" sino que se pertenecía a sí misma. Así que cada segundo que me daba era todo un regalo, un momento en su espacio único y solamente suyo.

Aquel verano de 2003 dejó paso a unas Navidades inolvidables, y en Semana Santa les hice una paella que no me va a salir igual en mi vida. Si hay algo que te hace tirar hacia delante y comerte la vida a mordiscos son esos momentos que se te quedan ahí, flotando en tu cabeza. Tener la certeza de que algo es posible es hacerlo posible. Es una verdad como un templo.

Pasaban los meses y nos habíamos visto un par de veces más. Yo había vuelto a Madrid después del verano y lo había dejado con mi novia. Le había sido "infiel" numerosas veces, era una relación que no me llenaba en absoluto, pero en Lisboa eso no tenía importancia. Con un entorno diferente, aquello dejó de tener sentido.

María comenzó a planificar sus exámenes de arquitectura y yo empecé a preparar un cortometraje. Para aquellos que no estéis familiarizados con el proceso cinematográfico, os diré que nunca está exento de muchos nervios y tensión que se acumulan durante varios meses. Es un proceso lento pero constante en el que se necesita la colaboración de muchas personas.
Finalmente, todo se vino abajo, dejándome hecho polvo. Era la primera vez que lo intentaba y no resultó.

Y en esos momentos es cuando más necesitas a las personas que tienes cerca, porque te sientes tremendamente solo. Y no hubo manera de contar con María. Sencillamente, no entraba en sus planes verme en aquellas fechas. Los exámenes eran lo primero. No podía ir un fin de semana. No podía quedarme en una pensión y hacerle una visita, de una tarde, para contárselo. Ni una hora. No tenía a nadie a mi lado, y por primera vez, me di cuenta de que ella no era una excepción. Estaba solo. Y me hice esta pregunta: Si algo se denomina "poliamor", ¿No significa eso que es incondicional, por ser una forma de amor? ¿No es eso lo que lo convierte en algo distinto? Cualquier forma de amor implica, bajo mi punto de vista, algo incondicional, que no se discute. De no ser asi, no es amor, es una relación interesada que se rompe cuando ya no interesa a una de las partes.

Me di cuenta de que nosotros carecíamos de eso, que por primera vez sentía que María no estaba para mi cuando la necesitaba, a pesar de que en ningún momento cuestioné su relación con Pablo, al que apreciaba y consideraba mi amigo. Yo no había intentado cambiarla, la respetaba absolutamente, pero necesitaba verla. Si quieres a alguien, si mantienes una relación "poliamorosa" con esa persona, bueno...¿Le darías una oportunidad, no?. Desde aquel momento, algo se rompió para mí. Para María estaba claro. No tenía tiempo, no era un buen momento. Todos los intentos de hablar con ella, de intentar explicarle que sentía que nuestra relación se convertía en algo mediocre, interesado, no valieron de nada. Se sentía incómoda y actuaba a la defensiva. Y yo, ingenuo de mí, me preguntaba quién la estaba atacando. Solo tenía tiempo para quererla y no podía verla. El "poliamor" había dejado de ser un cuento de hadas.

A Natalia la conocí durante el verano, en un bar de copas, un Sábado por la noche. La relación duró un año y fue intensa, pasional, infantil, interesada,cariñosa y muchas cosas más... Fue, pese a nosotros, una relación como las demás y fue, a pesar de todo, una relación muy especial para mí y para ella. Tanto que todavía colea, tanto que probablemente siempre la llevaremos con nosotros, para lo bueno y para lo malo. Natalia es una de las personas más importantes de mi vida, pero solo tiene sentido hablar de ella cuando recuerdo aquel puente de Noviembre, el puente de Carnaval, en el que convivimos los cuatro y que supuso para tres de nosotros un periodo muy feliz. El resto nos pertenece a Natalia y a mí.

Aquel puente Maria y Pablo vinieron a pasar unos dias a Madrid. María escribió en su diario que nunca se olvidaría de esos días. Fue algo mágico. No hubo sexo pero no nos importó a ninguno. No puedo describir el inmenso sentimiento de gratitud que sentí hacia Natalia por haberse dejado llevar y conocer a María, y a Pablo, e intentar simplemente disfrutar de aquellos momentos. Me di cuenta de que asi es como sería feliz, sin mentiras ni autoengaños, sino simplemente teniendo alrededor a las personas que más quería en ese momento, aunque fueran más de una. Y que mi pareja lo aceptase y por lo tanto me diese la posibilidad de demostrarle que no le iba a fallar, que también la quería, fue de lo mejor que me han dado en la vida.
La confianza es la mayor prueba de amor, esa es otra verdad como un templo.

Desgraciadamente, aquello no duró mucho. Natalia no se sentía cómoda, y cualquier intento de que aquello funcionase no resultó. No la culpo, no creo que haya un modelo de convivencia correcto a partir del cual se juzga lo que está bien o lo que está mal. Natalia prefiere otro tipo de relación, y yo lo respeto. Por otro lado, a pesar de estar cuatro dias todos juntos, me resultó muy difícil hablar con María sobre lo que sentía, sobre lo que había ocurrido durante el verano. De hecho, recuerdo que ella consideraba que no había nada de que hablar, y probablemente lo decía con sinceridad, pero a mi si que me hubiera gustado decirle un par de cosas. Cuando se marcharon, yo me quedé con Natalia. Descubrí que no había sido lo mismo para los cuatro, porque ella lo había vivido de otra manera. Y lamenté no haberme comunicado mejor con María.

Más tarde eso se convirtió en algo crucial.

Mas tarde María decidió venir a Madrid durante seis meses para acabar las practicas de arquitectura. Yo esperaba que durante ese tiempo las cosas se estabilizarían, con Natalia y con María, y que, aunque yo tenía una relación monógama, podría llevarlo bien con las dos, una como pareja, la otra como amiga, como una amiga muy especial, sí, pero como amiga. Lo creía sinceramente, me había prometido no engañar nunca más a nadie.

Dejando a un lado los pollos que me montó Natalia, sin ninguna justificación, lo mas decepcionante fue la actitud con la que María aterrizó en Madrid. En otra altura yo había sentido admiración por su pragmatismo y su capacidad innata de sacar adelante sus relaciones sentimentales. Sabía que era calculadora y nada impulsiva, lo cual unido a su poder de seducción, bueno, todo sea dicho, esas eran algunas de las razones por las cuales me sentía atraído por ella. Lo que no me esperaba era que todo eso se volviese en contra mía cuando ella se dió cuenta, herida en su vanidad, de que Natalia y yo seguiríamos juntos. De que ese poder de seducción estaba limitado, de que no era el centro de mis pensamientos eróticos pero, sin embargo, la valoraba y la tenía en un pedestal. Sí, aunque es probable que no lo admita jamás, se vió herida en su orgullo, en su condición de animal sexual, seductor y acostumbrado a conseguir lo que quiere, como tantas veces lo ha conseguido, por diversión, por enamoramiento o porque necesita cariño, una inmensa dosis de cariño, de afecto, por haber tenido una infancia y una adolescencia de mierda, bastante parecida a la mía. Y su reacción fue menospreciar nuestra amistad, dejar a un lado nuestra complicidad e intentar hacerse un hueco siendo ella misma, una reina a pesar de todo, autosuficiente, decidida y dueña de su destino. La ostia fue bastante gorda, eso también lo descubrí después.

Nunca olvidaré el momento en que le mandé aquel mensaje, a dos manzanas de su casa, desde mi portal. Le dije que prefería no verla durante un tiempo, que no sabía si podíamos seguir siendo amigos. Os podéis creer que cada vez que paso por el mismo sitio me acuerdo de aquel instante. Porque yo no estaba herido, estaba jodido de verdad. Y también quería una respuesta, y ser un rey en mi reino, y que me dijese que lo sentía, que qué había salido mal, que como lo podíamos hacer. Y no dijo nada, no dijo "esta boca es mía". Cero.

Conclusión. Poliamor. Allá va:

El pensamiento del poliamor no es algo minoritario ni marginal. De hecho, la raza humana se ha organizado durante la mayor parte de su historia en sociedades polígamas. La familia entendida como la unión entre un hombre y una mujer ha nacido con el cristianismo y no se concibe sin él. O al menos esto es lo que yo tengo entendido. Me puedo equivocar pero es un pensamiento latente, es inherente al deseo. Se quiere a más de uno, no puede evitarse.

Sin embargo a nadie le extraña ser una persona "monógama en serie". Eso es de lo más normal, aunque tengas diez novias/os en un año. O, frecuentemente, las personas se mienten, son "infieles" y como resultado vienen los celos, las rupturas y la decepción. Como si eso pudiera evitarse perteneciendo a alguien. Una parte de nosotros nunca debe pertenecer a otra persona.

Lo más curioso de todo es el miedo que experimenta una persona supuestamente no polígama cuando le hablas de estas cosas. En la mayoría de los casos, la conversación se acaba con un "eso no funciona", "es muy frío" o "yo no lo siento así." Pero el poliamor solo contempla ambas posibilidades. Si una persona es feliz solamente con su pareja, adelante. Pero esa no es la única forma.

Todo estas ideas hubieran permanecido recluidas en mi cabeza si no me hubiera topado con la persona adecuada. Pero tuve esa suerte. Y ahora estoy aquí escribiendo todo esto.

Personalmente puedo afirmar, con total seguridad, que los momentos más completos de mis relaciones sentimentales los he vivido cuando sabía que podía demostrar mi amor, mi atracción o mi curiosidad a las personas que quiero, sin que le importe a nadie si es una o son cinco, porque la realidad es, aunque haya personas que no puedan ni imaginárselo, que soy capaz de querer a varias personas a la vez. Creo que esto pertenece a la naturaleza del ser humano, y hay personas que lo desarrollan y personas que no. Yo lo siento asi, y creo que no tiene sentido reprimirlo. Creo incluso que tengo la "obligación" de desarrollarlo, porque de lo que se trata es de ser feliz, no nos olvidemos ninguno.

La ausencia de celos es algo sanísimo, una demostración a uno mismo de que es posible relacionarse de manera no posesiva. Lo sé porque lo he sentido con María y creo que lo hubiera sentido con Natalia, siempre y cuando ella fuese feliz y confiase en mí. Admito, eso sí, que mi experiencia es limitada, que no he llegado a compartir realmente a mi pareja, y por eso no dudo en considerar el Poliamor como una forma, en cierto sentido, "superior" al resto, porque implica una riqueza mayor de comportamientos y exige un proceso de aprendizaje sin apenas referencias. Por tanto, es necesaria una gran estabilidad emocional.

Si María no dijo nada cuando recibió mi mensaje fue porque nos faltó esa parte incondicional, ese vínculo de amor. Creo que la mayoría de las relaciones que ha tenido, por no decir todas, no han sido completamente poliamorosas. Sin embargo, creo que lo que yo siento hacia ella si está más próximo al amor, porque haría lo que fuese si ella me lo pidiese.
No hay que engañarse, María tiene una relación completamente monogámica, en la que lo da todo incondicionalmente. A partir de ahí, estructura el resto. Tal vez yo sea demasiado ingenuo, y me falte experiencia, pero creo que el secreto debe consistir en estructurar tu vida de manera que exista un hueco incondicional e independiente para cada persona que quieres. El modo de ser de cada uno determinará si eso es posible o no, dejando que cada cual intente satisfacer sus necesidades sentimentales.

El comentario más común entre las personas que creen que esto es imposible es el siguiente: "De acuerdo, tu compartes tu vida con una persona, y conoces a otra, que te atrae intensamente, y te pide que te vayas a vivir con ella. ¿Qué haces? ¿Tendrás que elegir, no? Ves como no puede ser..."

Bueno, hay que tener en cuenta que esto sucede muy raramente, pero para aquellas mentes perversas que insisten en buscarle tres pies al gato, aqui va lo que he aprendido:

En primer lugar, es extremadamente improbable que eso ocurra, teniendo en cuenta que tu estás bien con la persona con la que convives. Cuantas cosas en esta vida podrían cuestionarse si utilizamos ejemplos extremos. Prácticamente todo, y las relaciones monogámicas, bueno, mejor no entro en detalles.
En segundo lugar, eliges cada día, aunque lleves casado 45 años (suponiendo que te quede algún residuo del deseo sexual). Y no solamente hablo de sexo, sino del placer de conversar, de ir al cine, de compartir un hobby...
En tercer lugar, si es la tercera persona la que te propone que te vayas a vivir con ella, se supone que tu pareja no va a sentir celos, porque si estás con ella, es porque te deja libertad, o sea, porque acepta que tengas varias relaciones sin hacer comparaciones...porque vamos a ser sinceros: llevamos siglo y medio de romanticismo, y el daño que nos hemos causado todos es considerable...¡Superémoslo! ¡Dejémoslo atrás!
Pero de acuerdo...supongamos que realmente tienes que elegir, que las dos son estupendas/os y que realmente es un problema, porque entre ellas/os no se soportan...pues entonces haces lo que hacen todos los monógamos. Te das una vuelta por el barrio, recapacitas y te quedas con la persona que más te conviene de las dos. No hay otro remedio, y ocurre todos los días. Fin de la historia. Eso no pone en duda el poliamor.

Creo que las personas atraviesan una fase de enamoramiento, que puede durar meses o años, y después la relación se estabiliza, en el caso de que deseen seguir juntos. Muchas veces se pasa directamente a la segunda fase. Desde mi punto de vista, escuchar al otro, darle tu confianza y por encima de todo, no mentir, es lo más importante. Si uno de los dos, o los dos, sienten deseos hacia otra persona, o fantasías, o lo que sea, hay que darles espacio, dejarles independencia y confiar en ellos si se les quiere. Repito, si de verdad se les quiere. Y creo que eso puede funcionar.

No me siento traicionado, ni desengañado, ni nada por el estilo. Me siento, la verdad, bastante bien con mi rollo, sí señor.

Le voy a mandar todo esto a María, porque como ya os he dicho, me gustaría publicarlo en Internet, y también le concierne a ella, claro. Y a Natalia, también. Y a algún que otro amiguillo que me ha visto comerme el coco, pues allá va.

Os quiero.